Los cauces de la democracia, 8/11/08
El pasado 31 de octubre, los Jefes de Estado de los veintidós países miembros de la Comunidad Iberoamericana firmaron la Declaración de San Salvador, que contiene una serie de acuerdos (cuarenta y uno, para ser exactos) para "atender las necesidades de la juventud, como protagonista y beneficiario del desarrollo y de políticas públicas" (Introducción). Juntamente con la Declaración, también firmaron el Compromiso de San Salvador para la Juventud y el Desarrollo, que consta de once puntos.
Quienes seguimos de cerca el desarrollo de esta cumbre nos congratulamos al leer en la Declaración que los Jefes de Estado reconocen
"la importancia que reviste la familia como espacio de socialización, formación vital y transmisión de valores en el desarrollo integral de las y los jóvenes, para contribuir a una adultez responsable y fortalecer la inclusión y la cohesión social" (Introducción)
También nos alegra que en el acuerdo que busca "fortalecer las políticas educativas acerca de la sexualidad responsable, en todos sus enfoques" se haya añadido que esto debe hacerse "en co-responsabilidad con la familia y la escuela", y "de conformidad con los valores morales y la legislación interna de cada uno de los países" (n. 13). No podía ser de otra manera, pues los tratados internacionales que firman nuestros gobernantes no pueden nunca violentar las leyes que ellos mismos han jurado defender.
Los acuerdos 24 y 29 también hacen referencia en forma positiva a la familia, que era la gran ausente en el borrador de la Declaración.
Finalmente, el Plan Iberoamericano de Cooperación e Integración de la Juventud 2009-2015, que a nuestro parecer contiene algunos puntos que atentan contra la legislación interna de varios de nuestros países, es aprobado solamente "como marco referencial en lo sucesivo de las acciones de nuestros Gobiernos en materia de política de juventud" (Compromiso de San Salvador para la Juventud y el Desarrollo).
Indudablemente, la opinión de miles de ciudadanos preocupados por el futuro de la familia y de los jóvenes, expresada a través de los distintos medios de comunicación social en los días previos a la Cumbre, tuvo un peso considerable en la conciencia de los redactores de la Declaración y del Compromiso.
En Familia Hoy nos alegra haber contribuido a la creación de esa ola de opinión que recorrió Iberoamérica por más de dos semanas. Nos dimos cuenta, una vez más, de que es importante utilizar los cauces de la democracia para defender nuestros principios y valores.